A determinação social da epidemia de diagnósticos em saúde mental
DOI:
https://doi.org/10.14295/2764-4979-RC_CR.2025.v5.151Palabras clave:
Proceso Salud-Enfermedad, Salud Mental, Diagnósticos, CapitalismoResumen
Resumen
En la sociedad capitalista neoliberal, el Estado asume el papel de mediador en las relaciones sociales con el objetivo de mantener la norma. En este escenario, se elaboran contradicciones y formas de explotación de clase que presionan a los trabajadores para aumentar la productividad y colocan el trabajo como prioridad en la vida. Se crea la concepción para las clases subalternas de que los sujetos deben aceptar su destino, ya sea cargado de pobreza, precariedad o injusticia. Esta es una forma de alejar la realidad de la explotación entre las clases y crear la adoctrinación y el comportamiento apaciguador del individuo explotado. Así, es importante discutir cómo la epidemia de diagnósticos en salud mental forma parte de esta lógica capitalista y neoliberal de explotación y dominio sobre los cuerpos y la vida de los sujetos de la clase trabajadora. Al aproximarse a la realidad, el aspecto central es el plan de producción capitalista y neoliberal construido a través del trabajo, donde la fuerza de trabajo está implicada en garantizar la productividad en atención a las necesidades del sistema del capital. Con el propósito de ampliar e implementar la plusvalía y la acumulación del capital, se induce a anomalías en la fisiología humana a través de las cargas de trabajo, que pueden causar diversos daños e incluso modificaciones genéticas, ocasionando una precarización de la salud en detrimento del lucro (plusvalía) producido en el proceso de explotación y posesión por el capital del tiempo excedente de trabajo ejercido por los trabajadores. La salud-enfermedad investigada por medio del empírico del problema permite construir un estudio del carácter social de la enfermedad, alcanzando la discusión de que los cuerpos de los sujetos son socialmente necesarios sanos e incluso no sanos para que el sistema del capital garantice la reproducción de la fuerza de trabajo, lo cual realiza mediante acciones mínimas de cuidado en salud hacia esos cuerpos. Así, la búsqueda por el avance de este carácter permite percibir la salud y la enfermedad dentro de dimensiones ontológicas de la salud, que engloban las características sociales junto con las biológicas que se desgastan en la reproducción social. En este sentido, el control sobre la salud mental de los seres humanos desde el sesgo neoliberal mantiene la responsabilidad individual descontextualizada de la forma crítica de discutir —como propone el método dialéctico de Karl Marx—, que provoca considerar la contextualización histórica de los territorios, la cultura, la economía y la política. Con la ausencia de un análisis contextualizado sobre la salud de los sujetos, el sistema influye en que el problema del padecimiento mental ocurra debido a la fragilidad personal, individualizando la cuestión. A lo largo del tiempo, las formas de control sobre los cuerpos de los sujetos se han ido modificando y han pasado a alimentar la idea de diagnosticar ampliamente cualquier error o modo diferente de pensar de la normalidad que sigue el orden del sistema, para alimentar la economía. Se tiene la percepción de que el lugar de la locura y la normalidad son extremos opuestos y en ningún momento ocurren simultáneamente. En las relaciones sociales actuales se crean formas de desigualdades sociales disfrazadas con una falsa libertad. Cuando los sujetos acceden con mayor facilidad a los diagnósticos y tratamientos, son insertados en la ejecución implícita de control del neoliberalismo por medio de la industria farmacéutica con la venta intensificada de medicamentos, alimentada por la naturalización del sufrimiento y la reducción del acceso a la realidad. Los diagnósticos de sufrimiento psíquico están cada vez más ligados a las identidades de los sujetos y traen consigo un nuevo perfil de consumo para el mercado y una nueva lógica en la búsqueda de derechos sociales. La enfermedad mental aquí es vista como biológica precisamente para la culpabilización individual, pues el padecimiento en este sentido es algo anormal dentro del sujeto y no algo que necesita ser evaluado para pensar de forma crítica en transformaciones sociales, culturales, económicas y políticas de la estructura. El neoliberalismo necesita mantener el control de la sociedad, ya sea por medio de la privación de libertad o por medio de la falsa libertad, que incentiva la alimentación del capital financiero por medio de la compra y venta de productos que prometen aliviar o curar el sufrimiento mental. Cabe destacar que el exceso de diagnósticos no representa solo una herramienta de control del neoliberalismo, sino también la demostración de cómo el sistema capitalista con la explotación de clases puede intensificar el padecimiento de los individuos. La sociedad neoliberal induce a desconsiderar los problemas sociales que provocan el padecimiento mental, como las discusiones de poder, raza, género, trabajo y clase, que influyen directamente en el proceso salud-enfermedad, acarreando el desvío de la crítica a la realidad concreta y las vivencias traumáticas que las instituciones y la estructura causan. Los dictámenes del neoliberalismo, entonces, inducen el padecimiento mental, elaboran explicaciones para los fenómenos del sufrimiento psíquico que se enfocan en el individualismo, y simultáneamente establecen medicamentos para tratarlos. La salud mental encontrada hoy en la sociedad capitalista está delineada por movimientos contradictorios que dictan que el ser que se encuentra enfermo no es solo un ser desechable en el modo de producción capitalista, sino también un potencial consumidor de mercancías (medicamentos, estilos de vida “saludables”, etc.) que garantizan su cura. Se intensifica entonces la lógica de un sujeto productivo, responsable de su vida (incluso de su salud-enfermedad), y que, aun enfermo, puede ser funcional para el sistema. En este sentido, el sufrimiento psíquico se convierte en un instrumento más para el desarrollo del mercado, que no se encuadra en reflexiones ni en cambios de orden por parte del Estado, en una narrativa de individualización de los problemas.
Descriptores: Proceso Salud-Enfermedad; Salud Mental; Diagnósticos; Capitalismo.
Palabras clave: salud mental; neoliberalismo; diagnósticos.
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