A determinação social da saúde no campo da saúde do trabalhador
contradições, desafios e oportunidades
DOI:
https://doi.org/10.14295/2764-4979-RC_CR.2025.v5.175Palabras clave:
Determinantes Sociales de la Salud, Vigilancia de la Salud del Trabajador, CapitalismoResumen
La trayectoria que conduce de la medicina del trabajo a la salud de los trabajadores expresa un proceso de disputas epistemológicas, políticas e ideológicas sobre el sentido de la salud y el papel del trabajo en la producción y reproducción de la vida. La medicina del trabajo, surgida en la Inglaterra industrial del siglo XIX, se estructuró como un instrumento de mediación entre capital y trabajo, orientado a garantizar la productividad y la adaptación del cuerpo obrero a las exigencias del proceso productivo. Posteriormente, la salud ocupacional surgió durante y después de la Segunda Guerra Mundial, como respuesta al crecimiento acelerado de la producción y al aumento de los accidentes y enfermedades laborales. Este modelo amplió el enfoque estrictamente médico al incorporar saberes de la ingeniería, la toxicología y las ciencias sociales aplicadas, dando origen a una práctica multiprofesional. Sin embargo, su carácter tecnicista y ambientalista mantuvo el paradigma de la adaptación del trabajador al trabajo, sin cuestionar las relaciones sociales que determinan la organización productiva. Las transformaciones sociales y las luchas obreras de las décadas de 1960 y 1970 impulsaron una crítica profunda al modelo medicalizado e individualizante, abriendo paso a la salud de los trabajadores, basada en la teoría de la determinación social del proceso salud-enfermedad y en la medicina social latinoamericana. Esta nueva perspectiva reconoce el trabajo como categoría central, entiende el proceso salud-enfermedad como resultado de las condiciones materiales de existencia y valora el protagonismo de los trabajadores en la transformación de esas condiciones. A pesar de este recorrido histórico, la salud de los trabajadores sigue siendo un campo poco conocido incluso dentro del Sistema Único de Salud (SUS). La Política Nacional de Salud de los Trabajadores y las Trabajadoras (PNSTT), instituida recién en 2012, continúa desarrollándose de manera paralela y, en gran medida, desarticulada de las demás políticas de salud. Esta fragmentación refleja la persistencia de una concepción reduccionista, centrada en los determinantes sociales de la salud definidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que despolitiza las causas estructurales del padecimiento de la clase trabajadora. Las acciones de promoción de la salud que predominan en el SUS suelen promover la adopción de un “estilo de vida saludable”, incluyendo buena alimentación, actividad física, reducción del consumo de alcohol y control del estrés. Sin embargo, resulta contradictorio exigir estas prácticas sin considerar los factores que las condicionan, como las jornadas extenuantes, los bajos salarios y la inseguridad laboral. ¿Cómo compatibilizar un “estilo de vida saludable” con regímenes laborales como el 6×1 o con ambientes de trabajo regidos por la productividad y el acoso? Este último, lejos de ser un rasgo cultural, funciona como instrumento de coerción y disciplinamiento de la fuerza de trabajo, indispensable para intensificar su explotación en la actual fase del capitalismo. Aun cuando el Ministerio de Salud reconoce los factores de riesgo psicosociales —como el exceso de trabajo, el acoso y la remuneración por productividad—, las intervenciones propuestas continúan centradas en acciones individuales de autocuidado y autogestión del estrés, o en modificaciones ambientales bajo la lógica de la salud ocupacional. No es casual que las recomendaciones oficiales sobre prevención del burnout incluyan frases como “evite el contacto con personas negativas”, negando el carácter estructural del sufrimiento laboral. La experiencia acumulada en las capacitaciones sobre salud de los trabajadores en la red pública revela una paradoja: numerosos casos de padecimientos relacionados con el trabajo se presentan entre los propios trabajadores del SUS, especialmente los de salud mental. Estos profesionales enfrentan precarización, sobrecarga y falta de reconocimiento, reproduciendo, en su propia práctica, la lógica de explotación que intentan combatir. En este contexto, la ausencia de conciencia de clase y la ideología individualizante dificultan el reconocimiento del sufrimiento colectivo y perpetúan conductas que reproducen “el interés del patrón”, como negar certificados médicos o desconocer el vínculo entre enfermedad y trabajo. Esta contradicción también se expresa en la dificultad de implementar una política de salud de los trabajadores en un contexto de desvalorización del empleo público y fragilidad contractual dentro del propio SUS, tanto en la asistencia como en la gestión. La disputa por la conciencia crítica se da incluso entre pares, profesionales de la salud y usuarios del sistema, que muchas veces reproducen la ideología dominante, culpabilizando al trabajador lesionado o naturalizando el trabajo infantil. El aparente desajuste entre la identificación de los procesos que enferman a la clase trabajadora y las propuestas para enfrentarlos no es un error técnico, sino una expresión del carácter del Estado como garante de los intereses de la clase dominante. Desde su creación, el SUS se inserta en un modelo estatal que combina la universalidad formal con una lógica de financiamiento y gestión funcional a la acumulación capitalista. Medidas recientes, como el programa “Ahora Hay Especialistas”, refuerzan esta orientación al priorizar la lógica productivista sobre la promoción integral de la salud. Frente a este escenario, la PNSTT constituye, a pesar de los retrocesos, una chispa de resistencia y posibilidad. Su existencia reafirma la necesidad de una mirada crítica sobre los procesos de trabajo y la salud colectiva, capaz de confrontar la mercantilización de la vida y el vaciamiento del sentido público del SUS. Rescatar la perspectiva de la determinación social de la salud no es solo un ejercicio teórico, sino un imperativo político para recuperar el horizonte emancipador que dio origen a la Reforma Sanitaria brasileña: reconocer el trabajo como eje de la vida y la salud como un derecho conquistado, no como un privilegio condicionado a la productividad.
Descargas
Descargas
Publicado
Cómo citar
Número
Sección
Licencia
Derechos de autor 2025 Crítica Revolucionária

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0.

