Determinación social de la comprensión sobre la salud y fascistización de las subjetividades: la llamada “nueva medicina” en la CPAC México 2024
a chamada “nova medicina” na CPAC México 2024
DOI:
https://doi.org/10.14295/2764-4979-RC_CR.2025.v5.165Palabras clave:
Comportamientos Relacionados con la Salud, Determinantes Sociales de la Salud, Fascismo, Salud PúblicaResumen
El panel sobre la salud, realizado durante la Conservative Political Action Conference (CPAC) en México, en 2024, reunió a tres figuras centrales en la difusión de discursos negacionistas y conspirativos en torno a la pandemia de COVID-19 y las vacunas: los médicos Alejandro Díaz, Ryan Cole y Robert Malone. Sus intervenciones condensan estrategias discursivas que construyen una narrativa movilizando a las masas mediante el miedo, la incitación al individualismo y la canalización de la ira. Estas estrategias buscan la construcción de una nueva medicina y una nueva concepción de la “salud”, rompiendo con la perspectiva social. Este trabajo propone una lectura de estos discursos a la luz del proceso de determinación social de la salud, articulándolos con el proceso de fascistización de las subjetividades y con el concepto de “flujo de ira”, propuesto por Carnut y Holloway. A partir de las transcripciones íntegras de las intervenciones, se realizó un análisis del discurso desde una perspectiva marxista, buscando comprender cómo los sentidos de salud y enfermedad son resignificados en el lenguaje de la extrema derecha. No se trata simplemente de observar el negacionismo como fenómeno de ignorancia científica, sino de interpretarlo como un dispositivo de canalización de la ira, que produce subjetividades sometidas a la lógica neofascista.
La intervención de Alejandro Díaz abre el panel invocando a Dios y asociando la pandemia con una amenaza espiritual. Afirma que la COVID-19 sacudió los “tres pilares de la sociedad”: “fe, familia y salud”. Díaz presenta las vacunas como “productos experimentales”. La “restauración de los valores” ocupa el lugar de la política y la ciencia, convirtiendo el cuidado en un acto moral y desplazando la salud de su perspectiva colectiva al ámbito individual.
A continuación, Ryan Cole radicaliza el discurso. Su intervención se caracteriza por una retórica de odio y desconfianza, que combina pseudociencia y anticomunismo. Cole afirma que “Hitler, Mao y Stalin usaron la salud pública como arma de control” y que las vacunas causan cáncer y enfermedades autoinmunes. Describe a los médicos como “marionetas del sistema” y sostiene que la salud pública “no produce salud, produce locuras”. El ataque a la medicina institucional se acompaña de la exaltación del individuo autosuficiente que debe cuidarse a sí mismo. Cole afirma: “El mejor médico que puedes conocer está aquí, en esta sala. Mírate al espejo: eres tú. [...] La salud no viene de la punta de una aguja, ni de una jeringa, ni de una píldora, ni de un frasco. Viene de la punta del tenedor.” Este discurso rompe con la perspectiva de la determinación social de la salud, no porque desconozca los aspectos sociales, sino porque los reduce a elecciones individuales y transforma el cuidado en un dilema moral individual. No expone, por supuesto, que incluso lo que está “en la punta del tenedor” se produce dentro de la lógica desigual y destructiva del capitalismo.
En este punto emerge lo que Carnut y Holloway denominan “flujo de ira”. El discurso de Cole captura una ira legítima —producida por la precarización de la vida y la exclusión social— y la reorienta contra enemigos imaginarios mediante un fuerte discurso anticomunista, transformando esa ira en un mecanismo de cohesión ideológica y adhesión al neofascismo. El odio al Estado funciona como válvula de escape para la frustración social. La ira, que podría potenciarse para romper con la lógica cruel del capital, termina domesticada a través del conspiracionismo.
Finalmente, Robert Malone, que se presenta como “inventor de las vacunas de ARN mensajero”, cierra el panel con un discurso que mezcla tecnofobia, teorías conspirativas y pánico moral. Habla de “bioterrorismo informacional” y describe la vacuna como un arma deliberada de dominación global. El núcleo de su narrativa es el miedo al otro. Malone afirma que “las nanopartículas de las vacunas se esparcen por el cerebro y los órganos reproductivos”, y que “todas las vacunas están contaminadas con pequeños círculos de ADN”. Mediante la repetición de términos como “toxina” y “control”, construye un imaginario paranoico en el que el cuerpo se convierte en territorio de amenaza, y la salvación solo es posible a través del rechazo de la salud entendida colectivamente. Así, la salud deja de entenderse como expresión de las condiciones impuestas por el modo de producción capitalista y pasa a concebirse como una recompensa moral y espiritual adquirida mediante “buenos comportamientos”.
Como señala Reich, el fascismo no se limita a la esfera política; también opera en el campo de las subjetividades. Captura emociones reprimidas —como la ira y el miedo— reorganizándolas como mecanismos de adhesión. En el proceso de fascistización de las subjetividades, estos sentimientos son instrumentalizados por personajes neofascistas que hoy ocupan posiciones centrales en la esfera institucional. El sujeto fascistizado no nace con odio: es producido socialmente mediante las contradicciones del sistema y los discursos que ofrecen una sensación de pertenencia a cambio de la eliminación del otro. Desde la perspectiva de la determinación social, este fenómeno revela un profundo desplazamiento y una nueva construcción de la idea de “salud”. Esta lógica sirve al proceso de fascistización en la actual coyuntura de decadencia capitalista.
Las intervenciones de Díaz, Cole y Malone, por tanto, no pueden leerse solo como delirios; por el contrario, son expresiones ordinariamente humanas. Pavón-Cuéllar define este proceso como la producción de normopatía, en la cual una especie de normalidad enferma se ajusta a la lógica del capital. El neofascismo surge entonces como la continuidad de la vida bajo la lógica del capital, marcada por el miedo, la ira, el resentimiento, el individualismo y el culto a la autoridad. Se concluye que la salud ha sido instrumentalizada en el proceso de fascistización de las subjetividades mediante discursos conspirativos, la reorganización de la ira y la producción de una salud moldeada por la normopatía. El campo de la Salud Colectiva, que hace tiempo se apartó de su base marxista, se muestra poco preparado para enfrentar este movimiento. El fascismo resulta de la violencia del capital, que hoy conforma a los sujetos y redefine el sentido de la salud.
Descargas
Descargas
Publicado
Cómo citar
Número
Sección
Licencia
Derechos de autor 2025 Crítica Revolucionária

Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0.

